sábado, 31 de mayo de 2008

Ella

Es verdad que cuando te acostumbras a una cosa es difícil dejarla ir, y más sabiendo que te sentirás vacío e inútil, y que nada te llenará como lo hizo el pasado, o como lo hizo ella. Fue ella quien te robó tus sueños, y con la que los compartistes. Fue a ella a la que te volviste adicto, a ella y a todo lo suyo. Te habías acostumbrado de tal forma al calor de su mirada, a su olor -con el que compartías cama cada noche-, a su bonita y perfecta sonrisa, que se te hacía imposible vivir sin ella. Le pedías cada día que cuando se fuera te rocordara, a ti, y a lo que soliais ser. Quizá lo hizo, pero con un solo portazo pudo llevarse con ella tu alegria, pudo con un simple adiós matarte. Ella fue la única. Y ahora cada noche la imaginas y la reinventas, la heces tuya otra vez. Vuelves a compartir con ella tus sueños, la amas como siempre lo has hecho, pero ahora eso ya no tiene sentido, no cuando has muerto.